lunes, 19 de abril de 2021

18 de abril, 3.33am

foto del último cumple que festejé con papá

Fue un día como hoy, solo que tenía 11 años. El ring del teléfono aún de Entel.  Ver el reloj. 3.33 am

Mami llorando en el baño diciendo solamente como letanía “Se murió”

Yo entendiendo que ahí se terminaba mi infancia

Que como dice la murga “una lucidez con vida de mariposa de dos segundos, desesperada y heroica, consigue traer de nuevo a sus  padres juntar nombres con rostros y revivir un domingo hecho del tiempo en el que su amor está siempre vivo en el que siempre hay risa en el que siempre hay baile y donde siempre es feliz como era”.

Yo entendiendo ahora, que sos un tano colgado y a veces tengo que gritarte pero que estás 

Que seguís estando como hace unos días cuando me animé de nuevo a nadar. Nadar Sola

Que me duraste poco, si

Pero que sos y serás el mejor papá del mundo

El que eligió tenerme por más que “ya era grande”

El que me enseñó de dignidad valor y fuerza y de no dejar ganar a ningún hdp

Ojalá siempre sea

Digna de ser una Ercolano

Una mezcla de humanidad con dioses que resiste hasta los volcanes

Te amo

Te extraño

Te llevo en mi con esa entereza que me costó pero que logré.             

Tesoro de mi alma. Sangre de mi sangre.

sábado, 3 de abril de 2021

Un año sin vos, dra Mir


Mir. No quería que llegue este día en que me iba a acordar, más que en otros, de que al menos acá, de éste lado del mundo, ya no estás.

Como si fuese un delirio destinológico... El Sábado Santo tu cuerpo reposa pero el domingo ¿resucitarás? Tan atea y devota de San Expedito como yo tan atea y tan devota de San Benito.

En estos días vi una nota sobre los "escuchaderos" que pondrán en Colombia y recordé la tuya sobre que mi profesión futura sería la de una persona que seguiría escuchando a la gente, solo que de manera arancelada. Leo ahora como "novedades" los filósofos de los que me hablabas hace tiempo y sigo navegando en los sites que conocí por vos y haciendo los cursos que me recomendaste. 

Me hubiese encantado contarte Mir, que me gané una beca del Bid para uno de ellos. O que se descubrió que las lámparas de sal que tanto nos gustaban son como el mar, una mini colección de iones amontonaditos que cambian las energías. Y compartir con vos el video de los héroes de los Andes, que tanto admirabas; al igual que yo. Me acuerdo de tu nota de curadora en un mundo de insanos, ahora que armo talleres para internos.

De algún modo sos la muerta que no deja de nacer. Hace poco necesitaba una cita sobre Freud y la muerte y aún ahí estaba en tu muro; donde me etiquetaste hace un par de años.

Oigo tus últimos audios. Algo de vos vive ahí. Quería y quiero volver a abrazarte

Me pregunto si viste a tu viejo allá arriba y si por casualidad te cruzaste al mío. Me pregunto si hay un cielo de gatitos donde Gandhi y Ram están haciendo de las suyas.

Y me pregunto si escribir me salvará también de este duelo que no quería que no esperaba y que aún no quiero que pase. Y si, al menos un rapto, unas líneas; me salva. 

Y me hace mirar al cielo y decirte una vez más una de las frases que más te gustaban y que más nos gustan a nosotras las geminianas: "Tenías razón, Mir. Querida dra Mir. Escribir, salva". "Un rato, instantes, pero salva".

sábado, 27 de marzo de 2021

Efecto mar 2


Dicen que T. S. Eliot no tenía palabras para describir el mar. Es justo entonces que al menos yo no las tenga. 

Mi primer día en el mar esta vez me dio un arcoíris y una crisálida rosa, que son mis preferidas. 

Mi segundo día, una postal de olas con luna creciente a pleno sol.

El tercero, dos caracoles gigantes de esos que dicen llevan el sonido del océano dónde sea. Ese día me animé a meterme un poco más en el agua y me di cuenta de que el mar a veces es como la vida misma.

Si a la ola la enfrentás antes de que rompa es mejor. Ese día también me dije que no sé de cuántas cosas podía decir que había aprendido tanto en tan poco tiempo.

El cuarto estuvo ventoso pero pude llenarme de ese aire infinito que viene de la galaxia agua o de no se donde. Una amiga le mostró a mi vieja una foto mía. Dicen que estoy linda. Es el efecto mar.

El quinto encontré por separado tres partes de caracol que hacen un todo. Bailé, canté, ordené, salí a comer sola y cuando estaba ahí hablando de la nada misma con mi prima, me llamaste vos. 

Volví a la costa y había tormenta pero como me dijiste una vez la tormenta me hace bien a mi que soy medio bruja y medio no se qué cosa.  Y escuchando el oleaje me dormí un rato pensando en que si. La perfección existe y tiene nombre de mar. 

El mar me saca lo que duele, me deja lo que sirve y me dice hasta palabras exactas. Unos días antes de volver, una nenita gritó ante las olas: "papi, tengo miedo". Y ahí pensé y sentí, que eso es algo que yo jamás voy a poder decir. Que no va a venir un papá a ayudarme con la ola por más que grite. 

Y también ahí, no sentí tristeza ni rabia, sentí fuerza. Caminé y caminé hasta eso que vos me habías enseñado se llama 'tercera rompiente'. Y a la que nunca me había animado a llegar. Y ahí me quedé flotando, saltando y riendo sintiendo esa maravilla que siente el cuerpo cuando deja de tener miedo. Y miré al cielo. Y sentí que otra vez, me mirabas orgulloso.


jueves, 4 de marzo de 2021

Nosotros y la gloria


(nombres y apellidos fueron blureados por tratarse de una correspondencia entre partes)

Si le preguntás a ella, te dice que paz, hay en los cementerios. Por algo dicen "que descanse en paz". Si le preguntás te dice que cree en menor o mayor medida en astrologías, cartas, péndulos, psicoanálisis; Freud perdone. 

Pero que lo único que siempre le dio resultados fue no darse nunca por vencida. No aceptar otro resultado más que la victoria. Con el tiempo fue entendiendo que las personas se dividen en buenas o malas. Y entre quienes la pelean y quienes no.

Hace poco ella leía una carta de un amigo de su abuelo que le decía con pelos y señales cuánto había soportado para ser quien era.  

"Cuantas luchas y sufrimientos para llegar donde estás ahora. Conozco tu heroísmo que siempre tuviste y que se hizo solo desde la soledad de un campo. Pobre amigo. Yo se lo que sufriste. Y me emociono repasando tu historia surgida de la nada hasta la cumbre".

A el, al amigo; le daba pena. A ella, a su nieta, le da orgullo. "La distancia entre nosotros y la gloria la mensuran nuestros miedos y nuestra capacidad de lucha".

Hace tiempo venía pateando leer un resumen de sus últimos cuatro, tres años de vida; que son más bien olvidables. No quería sentir algo así como el dolor de ya no ser. Y ahora, ni sabe por qué o si, hablando con Sol, entiende que con menos años, recursos y sola dio una serie de batallas que matarían a más de un avezado en la primera carga.

Dicen (dice Borges) que el destino es fatal con las mínimas distracciones y en su caso fue implacable. Pero también el destino es leal con los que buscan enmendar eso que los distrajo y todo su entorno. Con quienes no se quedan y dicen que ya está. Con quienes pudieron haber perdido una espada pero aún tienen dos manos para ir por lo que quieren. 

Con esos a quienes nos escupieron veneno en la cara pero en lugar de dejarnos ciegos, terminamos teniendo cien ojos

Otra vez, en su taco de anotar cosas, delineó una suerte de mapa:

"Hay un momento donde los héroes además viven. Donde los que la pelean ganan . Donde los buenos no mueren. Hay un momento donde perder no es más opción. Y de ese momento depende el resto de toda tu inmortal vida".


domingo, 28 de febrero de 2021

Al fin, el mar



La primera vez en que vi el mar fue un tiempo después de la muerte de mi viejo. Veníamos en el colectivo mi vieja, mi amiga Luchy y yo. Paramos por algo que ni recuerdo en Necochea y las olas gigantes me despertaron maravillada. 

A Luchy también se le había muerto su viejo (en realidad, se había matado). Era 1993. Mi mamá nos llevó a Villa Gessell y yo estaba fascinada con las tres rompientes del oleaje.  Algo del dolor que aún ni sabía que tenía se quedó en alguna de esas correntadas. 

Nací de cara al mar pero pasaron un par de años para que lo vea de nuevo en mi país. Recuerdo San José del Carrasco y las olas otra vez inmensas e inabarcables. Piriápolis y ese estruendo fascinante que a mi vieja no la deja dormir y a mi me acuna.

Ya más grande fue el turno de Mardel, Gessell de nuevo, Chile, Río y otra vez el paisito. 

El mar me hace bien y no se de cuantas cosas más puedo aseverar lo mismo.

Me sana y me calma aunque aún no aprenda a nadar y tal vez nunca aprenda. Me deja muda, alegremente muda sin tener más que agregar. Perder la vista pensando en que enfrente está el paisito, la inmensidad más manifiesta, esa grandeza; me hacen la más feliz de las pibas invisibles.

El mito del viento y el agua que me recuerdan a vos. Saber que donde haya mar el espacio es mío. Así la última vez en que lo haya visto me haya acompañado un, digámosle, innombrable. Así a vos te haya dicho que yo iba a estar siempre, incluso después del mar, después de todo y, siga estando.

Porque el mar me sana, me salva y me da magia. 

Porque el mar sabe que mis ojos son suyos y mis secretos van a cambio. Con cada ola que me dice; al fin, el mar.

Cuando era una nena y ahora, a quince días exactos de mostrarnos, aunque sonrientes, las fauces; de nuevo y frente a frente.